La afición por el motor, un deporte para practicar entre amigos

Los que somos aficionados de verdad del mundo del motor sabemos de sobra que este es un deporte pensado para practicar y disfrutar entre amigos y es que tan solo es necesario ir a un rallye o a un campeonato de Fórmula 1, para ver que aunque cada uno de nosotros tengamos nuestras preferencias, la realidad es que apoyamos por igual a todos y cada uno de los genios que, cada fin de semana, se juegan la vida, siendo, además, en muchos casos, sin cobrar y poniendo dinero de su propio bolsillo. Y es que los deportes de motor solo cuentan con apoyos en las categorías más altas y, a veces, ni siquiera eso y prueba de ello la encontramos en la categoría reina del automovilismo, donde en teoría deberían de estar los veinte mejores pilotos del mundo pero que, cada año, se cuela alguno que ha llegado hasta la parrilla gracias a un cheque con un importante número de ceros o un patrocinio importante que le permita tener un asiento. Pero más allá de la polémica, a lo largo de las próximas líneas queremos hablar de la diversión que es para nosotros es automovilismo.

Como os decimos, los deportes de motor son unos de los pocos que pueden presumir de tener una afición tan fiel y tan entregada y es que da igual al campeonato al que acudamos, siempre estaremos los mismos apoyando y echando una mano en caso de que alguno de los participantes lo necesite. Por ello, cada fin de semana nos encontramos imágenes de decenas de personas devolviendo a la pista a pilotos en apuros en los rallyes, así como echando una mano a levantar el coche a pulso, en caso de que hayan pinchado y es que, de esta forma, el equipo perderá menos tiempo. 

Así, no es de extrañar que cada año, decenas de apasionados del automovilismo, como nosotros, se pongan de acuerdo para organizar viajes a lugares míticos del automovilismo deportivo con sus monturas y, como no podía ser menos, uno de esos viajes que no pueden faltar es al ‘Infierno Verde’, y es que el circuito de Nürburgring Nordschleife, situado en Alemania, es la meca del automovilismo, por lo que todo aficionado que se precie ha de ir una vez en la vida y si es con su coche, mejor. Por ello, nosotros, por experiencia propia, os recomendamos que vayáis en avión y que os pongáis en contacto con Transportes TransThalia para que os lleve y traiga vuestros coches y es que conducir hasta allí, aunque es un camino bonito, realmente es una gran paliza de kilómetros, por lo que nada mejor que hacerle una buena revisión en casa al coche, cargarlo en el camión y tras descansar en el vuelo, disfrutar de el por las carreteras y el circuito alemán.

Pero además, por suerte, en el automovilismo deportivo no hay que esperar hasta tener carnet para poder competir y es que hoy en día existe una incubadora de genios como Fernando Alonso o Carlos Sainz que, año tras año, da unos resultados sorprendentes. Se trata del karting, la categoría de iniciación por excelencia del automovilismo mundial y donde los genios ya hacen sus primeros pinitos entre los tres y los cinco años y es que solo de esta forma podrán entrenarse lo suficiente para poder competir al máximo nivel. Asimismo, esta categoría de aproximación, aunque también existe a nivel profesional, no solo sirve para acercar el motor a los más jóvenes, sino que también crea una serie de valores que después acabarán calando en los participantes. El compañerismo, la rivalidad sana o el juego limpio son solo tres de las claves más habituales que se dan en unos campeonatos cada vez más competidos y que, por suerte, en los últimos años empiezan a gozar de la visibilidad y de la notoriedad que se merecen, en parte, gracias al trabajo que estrellas como Carlos Sainz (padre e hijo), Fernando Alonso, María de Villota o Sébastien Loeb, entre otros, han ido realizando durante sus años en activo.

La familia del automovilismo

No nos cansaremos de repetirlo y es que el automovilismo es capaz de conseguir algo que otros muchos deportes no logran y es que todos sus aficionados actúen como una gran familia. Además, en gran parte de los certámenes que se celebran en todo el mundo, desde los organizadores a los competidores, todos actúan por amor al deporte y es que, en la inmensa mayoría de los casos, nadie cobra y aún encima, los competidores son los que tienen que poner dinero de su bolsillo para participar. Es por ello que quizá sea por eso por lo que se trabaja como una gran familia y todos aquellos que acudimos cada fin de semana a una prueba, bien sea a animar, a competir o a organizar, siempre estamos dispuestos a ayudar en lo que haga falta, siendo esta una mentalidad que bien se podría imponer en otras competiciones, donde las rivalidades, a veces, juegan malas pasadas.