Aparte de vestir el hogar, las cortinas regulan la entrada de luz y el calor que nos entra del exterior. Una función de la que el hombre lleva aprovechándose desde tiempos inmemoriales.
En la Barceloneta, un barrio de Barcelona que pega al puerto, que hoy es un barrio turístico, pero siempre ha sido un barrio de marineros, muchas terrazas de los pisos tienen largas persianas enrollables de cañas que dan sombra e impiden que pegue la luz del sol. Los pisos de la Barceloneta son pisos pequeños, de 30 o 40 metros cuadrados. Siempre lo han sido. Ya lo eran en el siglo XIX. A estos pisos en Barcelona se les llama “cuarto de piso”. A poco que pegue el sol en la terraza, la vivienda se calienta con rapidez. Esta solución tan sencilla, permite mantener frescos los pisos.
En las casas de la Mancha, una zona de España donde cuando pega el sol pega de verdad, todas las puertas de la casa están abiertas. Las habitaciones dan al patio y al corral y tomar esta medida permite que se produzca una ventilación cruzada. Sin embargo, sobre el marco de la puerta se cuelgan cortinas tupidas de lana que se llaman cortinas manchegas. Estas cortinas de rallas verticales de colores impiden que entre el calor. El aire circula, pero el calor se bloquea.
Estas son soluciones muy mediterráneas. Soluciones que han utilizado tradicionalmente los pueblos de esta parte del mundo para protegerse del sol. Para hacer habitables las viviendas cuando no existía el aire acondicionado y los únicos artilugios para combatir el calor era el abanico y el agua fresca del botijo.
Aunque hoy tenemos más medios tecnológicos para hacer frente a las altas temperaturas, no nos viene mal recordar los remedios de la abuela. Cuando sube el calor, cualquier solución es buena, todo suma.
El uso de las cortinas en el Mediterráneo.
Puede ser que se utilizaran antes en otras partes del mundo, pero es un hecho que las cortinas están muy ligadas al Mediterráneo. Existen mosaicos romanos que ponen de manifiesto que las cortinas ya se utilizaban en la Antigua Roma para proporcionar intimidad y para proteger el interior de las viviendas del sol y del calor. Cuando el sol pegaba de lleno, las cortinas estaban corridas y cuando refrescaba, se anudaban.
En las casas medievales a penas existían puertas. Si a caso, un gran portón de madera en la puerta que daba al exterior. Las cortinas se colocaban sobre puertas y ventanas. Las cortinas más recias para las aberturas exteriores, las que daban a la calle y a los patios, y las de tejidos más suaves para separar las habitaciones, cuando se quería tener algo de intimidad.
Las cortinas eran muy utilizadas en el mundo árabe. Su influencia nos llegó a nosotros a través de Al Ándalus. En oriente medio, desde la antigüedad, las ventanas y puertas se protegían con paños de lino o algodón, para que no entrara en la vivienda la arena del desierto, ni el calor intenso.
Cuenta el blog Curiosfera Historia que a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, a estos sistemas tradicionales se les incorpora mecanismos para poder enrollarlos. Nacen las persianas valencianas. Unas persianas formadas por listones de palma, de unos 6 mm de grosor, que se encadenaban unos a otros mediante hilo de bramante y se enrollaban con una cuerda de pita, que pasaba por el centro de la persiana a través de un pasador.
Al poco tiempo, este sistema se exporta a Filipinas, que por entonces era colonia española. Estas persianas, en lugar de fabricarse con listones de madera se hacen con una tela vegetal que se empleaba en las islas. Una tela que permitía pintarse con dibujos y colores llamativos. Son los primeros estores de la historia.
Los mejores tejidos.
Por lo general, las cortinas opacas son la mejor solución para protegernos del calor. Son cortinas que no dejan pasar el sol, pero tampoco el aumento de la temperatura que traen consigo. Tejidos como la lana o el algodón cumplen esa función de aislante térmico. De ello ya hemos hablado. Son los tejidos que se utilizan para las cortinas manchegas y para las cortinas árabes.
En la actualidad se utilizan tejidos sintéticos elaborados con ese objetivo, el de aislarnos del calor y con los que se fabrican las cortinas térmicas. El blog de la compañía Endesa nos habla de ellas.
Las cortinas térmicas son una solución práctica para mejorar el aislamiento de las viviendas. A simple vista pueden parecer cortinas normales, pero están fabricadas con materiales especiales que ayudan a mantener la temperatura interior del hogar durante todo el año. Gracias a ello, en invierno evitan que el calor de la calefacción se escape por las ventanas y, en verano, dificultan la entrada del calor procedente de la calle.
Este tipo de cortinas suele estar compuesto por varias capas. Normalmente incorporan un tejido decorativo exterior y una capa interna aislante elaborada con materiales más densos, como el poliéster o el fieltro. Algunos modelos también incluyen superficies reflectantes que aumentan todavía más su capacidad para bloquear el calor. Cuando las cortinas cubren bien la ventana, crean una especie de barrera de aire que mejora el aislamiento térmico de la estancia.
Además de ayudar al ahorro energético, las cortinas térmicas también aportan comodidad y privacidad. Muchas reducen el ruido exterior y mejoran el confort dentro de la casa. Por eso son una opción cada vez más utilizada en pisos, chalets y oficinas.
Existen diferentes tipos según las necesidades de cada vivienda. Las más comunes son las cortinas multicapa, diseñadas para mantener una temperatura más estable en el interior del hogar. También destacan las conocidas como “blackout térmico”, bastante utilizadas en dormitorios, ya que además de aislar del calor y del frío bloquean la entrada de luz. Creando una oscuridad total que facilita conciliar el sueño.
Su funcionamiento es sencillo. Las distintas capas del tejido retienen el aire y dificultan el intercambio de temperatura entre el interior y el exterior. Esto permite utilizar menos calefacción en invierno y menos aire acondicionado en verano, reduciendo el gasto energético de la vivienda.
Cómo usar las cortinas.
La forma en la que utilicemos las cortinas también nos ayuda a mitigar el calor. En este sentido, es recomendable cerrarlas por completo en las horas de mayor insolación. Y abrir las ventanas y descorrer las cortinas por la noche y durante la madrugada. De esta manera conseguiremos que se ventile la vivienda y aprovecharemos el frescor.
Un detalle para mejorar el efecto aislante de las cortinas es asegurarnos de que son más anchas y largas que las ventanas. Que cubren incluso el cajón de las persianas. Las cortinas que arrancan casi a ras del techo y llegan hasta el suelo tienen un efecto aislante mayor.
El color de la cortina también es importante para mitigar el calor. La revista Cosas de Casa nos propone el uso de cortinas de tonos claros. Estos tonos, en lugar de bloquear la luz solar, lo que hacen es reflectarla, por lo que transfieren menos calor.
Los tonos claros son los más recomendables cuando lo que se busca es mantener la casa fresca y luminosa, especialmente en habitaciones con muchas horas de sol. Colores como el blanco, el beige, el gris claro o los tonos pastel reflejan mejor la luz solar y absorben menos calor que las tonalidades oscuras. Gracias a ello, ayudan a reducir la sensación de calor en las habitaciones.
Además, las cortinas claras aportan una mayor sensación de amplitud y luminosidad. Por eso son una opción tan utilizada en pisos pequeños o en estancias con poca entrada de luz natural. También combinan fácilmente con distintos estilos decorativos, desde ambientes modernos hasta espacios más clásicos o minimalistas.
El blanco sigue siendo uno de los colores más populares para las cortinas. Se trata de una tonalidad elegante, limpia y versátil, capaz de adaptarse prácticamente a cualquier estancia de la casa. Además, favorece la entrada de luz natural y transmite sensación de frescura, algo especialmente agradable durante los meses más cálidos del año.
El beige es otra alternativa apreciada. Mantiene gran parte de las ventajas de los tonos claros, pero añade un toque más cálido y acogedor a la decoración. Es ideal para viviendas con paredes blancas o muebles de madera clara, ya que crea ambientes más confortables sin recargar el espacio.
Por su parte, el gris claro se ha convertido en una tendencia cada vez más frecuente en decoración interior. Aunque durante años se utilizó menos, hoy destaca por su elegancia y por la facilidad con la que combina con otros colores. Además de reflejar la luz solar, aporta un estilo moderno y sofisticado.
La persiana alicantina.
Si estamos hablando de soluciones para protegernos del calor, no podemos olvidarnos de la persiana alicantina. Una persiana que aunque se coloca en exteriores, está inspirada en los estores que se utilizan tradicionalmente en China y en Japón para separar ambientes. Así lo expresó Vicente Barceló Santoja, natural del municipio alicantino de Sax, quien patentó estas persianas en 1916 y dijo haberse inspirado en las cortinas orientales. Pero adaptadas a los materiales que se tenían en Alicante y al clima mediterráneo.
Desde hace más de dos siglos, Sax ha destacado en la fabricación de persianas de madera elaboradas de forma artesanal, convirtiéndose en un referente dentro del sector. Con el paso del tiempo, estas persianas comenzaron a extenderse por otras zonas de España y de Europa gracias a su funcionalidad, resistencia y atractivo estético.
Actualmente, las persianas alicantinas continúan fabricándose tanto en Sax como en otros puntos de la provincia de Alicante, combinando técnicas tradicionales con procesos modernos que mejoran su calidad y durabilidad. Aun así, la elaboración artesanal sigue siendo uno de los aspectos más valorados.
Su principal función es proteger el interior de las viviendas de la luz solar directa sin impedir la ventilación. Gracias a su diseño, permiten que el aire circule mientras reducen el calor y el exceso de luz. Además, ayudan a proteger muebles y tejidos frente al desgaste provocado por los rayos solares.
En la actualidad, en algunos modelos, las láminas de madera han sido sustituidas por otras de PVC. Las versiones de madera encajan perfectamente en ambientes rústicos y mediterráneos, mientras que las fabricadas en PVC se adaptan mejor a estilos modernos y minimalistas.
Integradas en la decoración.
Todas estas opciones que hemos ido viendo a lo largo del artículo, muchas de ellas, tradicionales, tienen su lugar en la decoración moderna. Algunas de ellas son un recurso recurrente en el diseño de interiores actual. Los dependientes de Decoraziona Home, una tienda de decoración de Leganés (Madrid), especializada en cortinas y textiles de interior, nos cuentan como, por ejemplo, los estores de tela, inspirados en las tradicionales cortinas filipinas, son un artículo que podemos encontrar tanto en la decoración de viviendas particulares como en la de edificios de oficinas. Ya que además de ser prácticos, aportan un aire moderno a la estancia.
Las tiras de caña y los listones finos de palma se han utilizado tradicionalmente para proteger del sol a las casas de cerca de la costa. Lo hemos visto en las cortinas de la Barceloneta y en las persianas valencianas. Un artículo, que adaptado a los tiempos actuales, se sigue utilizando bastante para darle un toque fresco, a la par que rústico y mediterráneo, a nuestras viviendas.
Como se utilizan las cortinas beige jaspeadas, que parecen confeccionadas con las telas con las que se hacían los sacos y que aportan un toque orgánico a los domicilios. Estas son unas cortinas de algodón, que no dejan pasar el calor y que cumplen esa función de aislamiento térmico que estamos buscando. Un recurso bastante utilizado en interiorismo.
Los estores enrollables de bambú natural es otro de los productos tradicionales que encontramos en las casas modernas. El bambú no es un material que se haya utilizado tradicionalmente en España, era habitual en Asia, pero conserva ese espíritu práctico y tradicional que pretendemos con estas alternativas.
Como estamos viendo, por mucho que haya avanzado la tecnología, las soluciones clásicas continúan siendo uno de los mejores remedios para protegernos del calor. Dándole, eso sí, una lectura contemporánea.


