En las viviendas, la cocina es el epicentro de la casa. Se considera la estancia por la que todos los que habitan en ella, pasan y en la que todos suelen coincidir en algún momento del día. Incluso más que en la sala de estar. Si nos pasamos al mundo de la hostelería, ni que decir tiene que la cocina es el foco del negocio. Sin una buena cocina, los restaurantes y obradores, no llegarían muy lejos. Si en una vivienda el espacio es esencial y un buen diseño ayuda a optimizarlo, en las cocinas profesionales, resulta todavía más importante.
Las cocinas profesionales tienen el tiempo y el espacio como dos de los recursos más valiosos, por lo que un diseño vanguardista y a medida, es cada vez más relevante. En el sector están apostando por las cocinas modulares, en la misma medida que se hace en las viviendas. Se trata de una opción moderna, perfectamente capaz de adaptarse a las diferentes necesidades de la industria de la gastronomía. Optimizar y adaptarse al espacio es la principal característica de este tipo de cocinas.
Para quienes no tengan muy claro que es esto de las cocinas modulares, diremos que se trata de un sistema de diseño basado en el uso de módulos independientes. Estos módulos, pueden ser ensamblados de varias formas, en función de las necesidades concretas de cada negocio de hostelería. Las cocinas modulares ofrecen un diseño flexible y eficiente que, se compone por las diferentes unidades que componen una cocina: armarios, encimeras, estanterías y electrodomésticos.
A diferencia de lo que ocurre con las cocinas industriales tradicionales, en las que los equipos y el mobiliario permanecen fijos en su lugar, las modulares, permiten seleccionar los componentes a razón de las necesidades de cada establecimiento. Esto quiere decir que una cocina modular puede ser modificada a razón del flujo de trabajo y las necesidades de cada día.
Así funciona una cocina modular en hostelería
Si algo caracteriza a este tipo de cocinas es la posibilidad de adaptar el entorno de trabajo a las necesidades y no al revés. Algo que nos señalan los profesionales dedicados a las cocinas modulares de MC Modular Cocinas. El alto nivel de personalización que proporciona este tipo de cocinas, ha hecho que se hayan convertido en la opción ideal para los entornos de alta demanda, como es el caso de hoteles y restaurantes. Algunas de las características más destacables de este tipo de cocinas son los siguientes:
- Diseño de un espacio a medida. Este tipo de cocina, cuenta con un diseño a medida que hace posible que se seleccionen los módulos adecuados, en función del tipo gastronómico en particular.
- Optimización del flujo de trabajo. La distribución de los módulos, tiene como finalidad conseguir una reducción en los tiempos de desplazamiento dentro de la propia cocina, con objeto de mejorar la productividad de los empleados y proporcionar un servicio más rápido.
- Fácil mantenimiento y limpieza. Al tratarse de equipos independientes, su limpieza es más sencilla y eficiente. Ofreciendo la posibilidad de sustituir un módulo dañado sin que afecte al funcionamiento del resto de la cocina.
- Adaptabilidad al crecimiento del negocio. Si el negocio se expando, es posible añadir o modificar los módulos necesarios, sin que haya que recurrir a una remodelación compleja. Esto asegura mayor rentabilidad a largo plazo.
Para montar una cocina modular, es igualmente necesario realizar una planificación. Tener en cuenta la planta y posibilidades de colocación, así como las necesidades productivas, permite personalizar la cocina a razón de cada situación y necesidad. Desde montar una cocina más abierta a una en la que el espacio es mínimo y hay que optimizar. La mejor manera de obtener los resultados deseados es seguir una serie de pasos:
- Tomar medidas de la estancia, anotando las dimensiones exactas de la longitud de las paredes, huecos, alturas, ventanas y conexiones.
- Comprobar las conexiones, localizando las de agua, electricidad, salida de humos… y ajustar en consecuencia.
- Definir las zonas de la cocina que, por lo general, son cinco: aprovisionamiento, lavado, preparación, cocción y almacenamiento.
- Tener en cuenta las zonas de movimiento, dejando espacio para pasarelas y extraíbles abiertos, sobre todo en el caso de las cocinas modulares independientes o en el caso de que se vaya a integrar una isla.
- Planificar la iluminación dirigida a las zonas de trabajo.
- Diseñar correctamente el espacio de almacenamiento, planificando los armarios, los extraíbles, las estanterías y organización interior, de forma específica.
Hay que poner especial atención en los procesos de la cocina. Encimeras, armarios, frigoríficos y placas de cocción, deben disponerse de manera que la distancia sea corta y no haya necesidad de interrumpir los procesos.
Las cocinas modulares se encuentran disponibles en muchos diseños, desde los más funcionales hasta los más sofisticados. Todo ello, en función de los materiales, el diseño y las necesidades del negocio.
Cocinas con ventajas
No puede ser de otra manera, las cocinas modulares ofrecen una serie de ventajas que el sector y la industria hostelera, deben conocer y contemplar. La primera de ellas, es la flexibilidad que permite. Este sistema de diseño, permite realizar cambios y adaptaciones a lo largo de su vida útil. Aspecto que en un sector como el de la hostelería y la restauración, es más que conveniente. Con una cocina modular, los propietarios y gestores de los restaurantes, tienen la capacidad de reorganizar el espacio, creando nuevas zonas de trabajo o cambiar la ubicación de los módulos mejorando la eficiencia.
Esto puede ser de gran utilidad en los días en los que la afluencia de clientes, es menor, puesto que permite reducir el espacio operativo. En la temporada de mayor demanda, puede hacerse lo contrario, ampliar la cocina y ubicarla de manera que los empleados puedan realizar sus funciones con agilidad y de forma ordenada.
Lo que se traduce directamente en una mayor eficiencia operativa. No todas las cocinas industriales funcionan del mismo modo. De ahí la importancia de poder organizar las zonas de trabajo, en función de los procesos de producción. Al tener la posibilidad de poder organizar los módulos, a razón de las tareas a realizar, se reducen los tiempos de preparación, cocción y limpieza. Con lo que se mejora notablemente el flujo de trabajo, aumentando la productividad.
Utilizar mobiliario de cocina ajustable, permite realizar configuraciones dinámicas, de modo que ingredientes y herramientas, estén al alcance de los empleados, sin tener que comprometer la funcionalidad ni el orden.
Por otro lado, puesto que cada negocio gastronómico cuenta con su propio y diferente diseño de cocina, centrado en el tipo de servicio que se ofrece, el volumen de producción y la especialidad, la adaptabilidad es fundamental. Las cocinas modulares son la mejor opción, ajustándose sin esfuerzo a las diferentes concinas de producción masiva, como puede ser un catering o a una cocina de autor, más recogidita. Este aspecto permite a los profesionales trabajar con mayor eficiencia y comodidad. No solo reduce los tiempos muertos, mejora el rendimiento del equipo y la rentabilidad.
Como ya hemos comentado, en hostelería, el espacio es de lo más valioso. Otra ventaja que ofrecen las cocinas modulares, es la capacidad de sacar el máximo provecho de cada centímetro de la cocina. Aspecto ideal y fundamental, sobre todo en aquellos negocios que disponen de un espacio reducido.
Al ser posible que los equipos y las superficies de trabajo puedan ser compartidas o moverse, a razón de la necesidad, es posible reducir la acumulación de elementos que no son necesarios, por lo que la cocina se mantiene más limpia y ordenada.
Por si todo esto no fuera suficiente, son de fácil mantenimiento y limpieza. Los módulos de las cocinas industriales o de hostelería, suelen fabricarse en acero inoxidable, por lo que cuentan con una superficie lisa y no porosa. Esta característica ayuda a que no se acumulen restos de comida, grasa y por supuesto bacterias, facilitando las tareas de limpieza y garantizando mayor higiene. Los módulos fabricados en este tipo de material, no se oxidan ni deterioran, de manera que su aspecto se conserva a pesar del tiempo. En el caso de que algún módulo se estropee, puede ser reparado o reemplazado, sin que el resto de la cocina se vea afectado.
Todavía quedan más ventajas. El coste económico es menor. Son más asequibles y rápidas de instalar que una cocina tradicional. Los módulos se fabrican en serie, cuentan con un tamaño estándar y se diseñan para que puedan montarse con facilidad. Estos aspectos, reducen los costes de instalación y el tiempo necesario para que la cocina esté preparada.
Puesto que el trabajo que se realiza en las cocinas de hostelería es intenso y continuo, resulta indispensable que los materiales sean capaces de resistir sin afectar a la productividad. Las cocinas modulares, fabricadas en acero inoxidable, son una de las opciones más duraderas existentes dentro de la industria. Presenta alta resistencia a la humedad y el vapor, además de ser capaces de resistir el impacto diario que supone el trabajo en hostelería.
Con todo lo expuesto, queda perfectamente claro que las cocinas modulares son una excelente opción para la hostelería. Facilidad de montaje, adaptabilidad, funcionabilidad y todo lo que un negocio necesita.


