Hace días que no puedo evitar fijarme en las sonrisas de la gente al pasar. Pero no por nada sentimental, ni feliz, no… Me fijo y me deja hasta mal cuerpo. Son todas iguales, todas blancas, todas perfectas… y todas artificiales. Antes la boca de la gente tenía personalidad: dientes un poco torcidos, formas distintas, pequeños defectos… Ahora parece que todo el mundo ha pasado por el mismo molde. Y lo peor no es eso. Lo peor es preguntarse: ¿qué han tenido que hacerle a esos dientes para que se vean así?
Estoy al tanto por redes sociales de que la gente de ahora se hace barbaridades en sus dientes sanos, solo por tener una sonrisa perfecta… Y esto está pasando más de lo que creemos. Hay clínicas que venden ese tipo de sonrisa como si fuera algo rápido, fácil y sin consecuencias negativas. Gente que entra con dientes sanos y sale con carillas, implantes o tratamientos agresivos que no necesitaban en absoluto.
Y claro, cuando ves el resultado en redes sociales, parece todo maravilloso. Sonrisas blancas, caras felices, promociones… Pero nadie enseña lo que hay detrás. Nadie habla del desgaste del diente, de la sensibilidad que queda, del mantenimiento y los problemas que van a tener de por vida, ni de lo irreversible que es todo esto. Y es que, muchas de estas decisiones, no tienen vuelta atrás.
Me preocupa muchísimo que estemos normalizando algo como esto. Tirar tu salud por la ventana por verte guapo o guapa. Pero, lo que más me repatea, es que haya profesionales que lo fomenten. ¿De verdad estamos tirando a la basura las prácticas médicas éticas por dinero? ¿Todo vale porque el cliente es el que elige hacerse eso?
Creo que muchas personas no son conscientes de verdad de todo lo que esto les va a implicar después… Y, si eres uno de los que está pensándose hacerse algo así, espero que cambies de idea después de leer lo que tengo que decir.
La perfección puede salir muy cara
Ahora todos quieren ponerse carillas. Como influencers, famosos, actores y actrices se las ponen… pues allá vamos todos como locos. Pero lo que no te cuentan tan fácilmente es el precio real que pagas por ellas.
Para colocar carillas, hay que limar el diente natural (algunas más otras menos, pero casi siempre). Esto significa retirar el esmalte. Sí, ese esmalte que no se regenera nunca. Ese que protege el diente de todo. Y una vez que lo quitas, ya no hay marcha atrás. Aunque te quites las carillas en el futuro, ese diente ya no vuelve a ser el mismo. Se queda más débil, más expuesto, más dependiente de tratamientos. ¿Alguna vez te ha dado calambre en los dientes al comer algo? Pues prepárate para estar así de por vida.
Dirás que esto tendrá su porqué, seguramente la gente tenía los dientes fatal… Pues te digo que no… La gente se lo hace sin tener caries, sin problemas estructurales, sin ninguna necesidad. Solo porque los dientes con carillas se ven perfectos. ¿De verdad compensa eso? ¿De verdad merece la pena sacrificar algo natural y funcional por una estética que, además, puede pasar de moda tarde o temprano?
¿Qué pasará dentro de unos años cuando se lleven los dientes más naturales? Esas personas se quitarán las carillas y se verán con dientes de viejos, limados y separados… Eso no se podrá arreglar.
Luego, no te creas que las carillas son eternas, porque tienen su mantenimiento. Se rompen, se desgastan, se despegan… y hay que cambiarlas. Y cada vez que se cambian, otra agresión para tus dientes. Es un ciclo del que ya no sales. Eso seguro que no te lo han explicado en el dentista, ¿a que no? Si estás en una de esas clínicas que no te advierten de esas consecuencias, sal de allí corriendo.
Un dentista responsable debería ponerte freno, no animarte sin más, preparando el bolsillo… Porque no veas si son caras… las “carillas” … Nada más que por el nombre, ya van avisando.
Las famosas perlitas que se pegan en los dientes
Esto ya es algo que me deja completamente descolocada. Las joyas dentales. Piedritas, brillantes, adornos pegados al diente como si fuera una uña o un pendiente. Vamos a ver, ¿a quién le gusta esa aberración? He visto ya a unos cuantos famosos con ese tipo de adornos en los dientes y parece que se hayan acabado de comer una hamburguesa y se le vean todos los restos de comida. No son nada bonitos, no favorecen, no son graciosos, no tienen nada de estilo… Pero como se lo ponen ellos… Pues venga, vamos a decir que me gusta, ¿no?
Para empezar, cualquier cosa que pegues en el diente puede estropear el esmalte. Puede acumular placa, dificultar la limpieza, favorecer la aparición de caries o problemas en las encías. Y aunque digan que es temporal, la realidad es que muchas veces deja residuos, daña el esmalte y genera sensibilidad.
Además, ¿qué nos pasa? Los dientes tienen una función vital. Sirven para masticar, para hablar, para mantener la estructura de la cara. Son algo que usamos a diario y casi todo el día, para hablar y comer. ¿Es necesario que lleven perlitas? ¡Qué asco!
Y aquí volvemos a lo mismo: ¿quién lo está recomendando? Porque una cosa es que un niño de 14 años lo pida, y otra muy distinta es que un profesional lo promueva y permita sin explicar bien los riesgos.
Si a estos profesionales, de verdad, les importa la salud de los pacientes, no ofrecerían este tipo de servicios. Pero ahora casi todos se venden por dinero.
Me da la sensación de que estamos perdiendo el respeto por la salud. Como si todo en nuestro cuerpo fuera modificable, intercambiable, decorable… sin consecuencias. Pero las consecuencias llegan. Siempre llegan. Y muchas veces, cuando llegan, ya es tarde.
Ponerte nueva toda la boca
Este es uno de los temas que más me preocupa de todos. Porque aquí ya hablamos de extraer los dientes. De quitarlos directamente para poner implantes que se vean más bonitos y más alineados.
Un implante es una solución maravillosa cuando realmente hace falta. Cuando has perdido un diente, cuando hay daño irreparable… ahí sí tiene sentido ponérselo. Pero lo que no tiene ningún sentido es arrancar dientes sanos para poner implantes por estética.
Esto es una barbaridad. Porque estás eliminando dientes vivos y naturales, con nervios, con irrigación, con su función… para sustituirla por un trozo de titanio dentro de tu boca de por vida. Claro que puede verse bien, pero nunca va a ser igual que un diente natural.
Además, siempre salen las fotos de los implantes bien hechos y que han salido bien, pero muchos no salen bien: pueden causar infecciones, rechazo, pérdida ósea… y requieren mantenimiento continuo. No es ponértelos y olvidarte. Y los que no te dan problemas al principio, pueden dártelos al final.
Todo esto se vende como una opción más dentro del “diseño de sonrisa”. Te pueden ofrecer quitarte toda la boca, solo por ponerte una más bonita, aunque la tengas sana.
Un diente sano no se toca. Ese debería ser el principio básico de cualquier profesional. Si quieres dientes perfectos, ya los tienes… El diente perfecto que tienes que tener es un diente natural, sano y fuerte.
Cuando empezamos a normalizar este tipo de prácticas “profesionales”, estamos cruzando una línea muy peligrosa. Porque estamos sacrificando la salud por tener una buena imagen. Las personas solo quieren resultados rápidos, pero no son del todo conscientes de las consecuencias de algunas decisiones. Un dentista sí… y muchos se lo callan y alargan la mano.
Dentistas que priorizan el dinero sobre la ética
Hay muchísimos profesionales honestos, no pongo esto en duda, pero también hay otros que han convertido la odontología en un negocio agresivo donde lo importante no es la salud de la gente, sino el dinerito.
Ya hay clínicas que funcionan como cadenas, donde cada tratamiento es una venta más. Donde se presiona al paciente, se le ofrecen paquetes, descuentos, financiación… todo muy bonito, muy fácil, muy rápido. El cliente piensa que está obteniendo beneficios para él, su imagen y su bolsillo, cuando en realidad es todo lo contrario. Te digo que nadie regala nada y menos los que son así. Los que ofrecen estos servicios son los que más salen beneficiados de todo esto, no te equivoques.
Te dicen que necesitas más de lo que realmente necesitas. Te asustan con posibles problemas futuros para convencerte. Te venden soluciones definitivas (mentira) que en realidad implican un mantenimiento continuo. Y tú te lo crees porque estás hablando con un profesional.
Se aprovechan de que las personas no tienen los conocimientos para cuestionar eso y se dejan llevar. Y cuando quiere darse cuenta, ya está metido en un tratamiento largo, caro y, en muchos casos, innecesario. Los que pierden sus dientes y acaban con incomodidad y sufrimientos, son ellos.
La ética profesional debería estar por encima de todo. Un dentista debería proteger tus dientes, no ofrecerse a quitarlos. Debería buscar la opción más conservadora, no la más rentable. Porque estamos hablando de la salud de una persona…
Y cuando pierdes la salud… la vida es un sufrimiento.
La presión de las redes sociales
Las redes sociales han tenido un impacto brutal en cómo percibimos nuestra imagen… y especialmente nuestros dientes.
Ves fotos perfectas, sonrisas impecables, resultados espectaculares… y es muy fácil caer en la comparación. Pensar que tus dientes no son suficientes, que podrías mejorarlos, que deberías hacerlo. Y así empiezan todos…
No ves el proceso, ni los riesgos, ni las consecuencias a largo plazo. Solo ves el “antes y después”, cuidadosamente seleccionado para vender una idea de perfección que, en muchos casos, es artificial e insostenible.
Y esto genera presión y más presión. Personas jóvenes que ya están pensando en hacerse tratamientos agresivos sin hacerles ninguna falta. Solo por encajar en “la sociedad”.
Esto es una locura. Estamos creando inseguridades donde no las había y convenciendo a la gente de que necesita cambiar algo que ya está perfectamente bien. Y, por eso hay buitres rondando…
¿Qué deberíamos exigir como pacientes?
Los profesionales de verdad te van a decir lo que me dijeron a mí en la Clínica Dental Dr. Manuel A. Tomillo Sánchez. Cuando les hablé de todo esto, me comentaron que, como pacientes, tenemos que informarnos, preguntar, cuestionar. No aceptar todo lo que nos dicen sin más, aunque venga de un profesional.
Un buen dentista no tiene problema en explicarte alternativas. En proponerte opciones más conservadoras. En decirte que no necesitas un tratamiento. De hecho, eso es una buena señal. Significa que está pensando en tu salud, no en su beneficio.
También deberíamos desconfiar de lo que parece demasiado bonito o demasiado rápido. Las soluciones milagro no existen. Y menos cuando hablamos del cuerpo. Todo tiene un coste, aunque no siempre sea inmediato.
Buscar segundas opiniones, puede ser fundamental. No tomar decisiones importantes en la primera consulta. Porque lo que está en juego son tus dientes. Algo que, si se pierde o se daña, no se recupera igual.
Y, sobre todo, entender que lo natural siempre es lo mejor. Que no hace falta tener una sonrisa perfecta para tener una sonrisa bonita. Que la salud siempre debería ir por delante de lo “aceptable” para la sociedad.
Tenemos que parar esto antes de que sea tarde
De verdad creo que estamos a tiempo de frenar esta tendencia. Pero hace falta que hablemos de esto bien claro. Hablar con nuestros hijos, hablar entre adultos y hablar con los dentistas… Muchos no van a tener esa ética cuando se juegan miles de euros, pero los otros se están jugando su bienestar y su salud. Por eso, tu que eres el que puede perder lo último, piénsate bien lo que vas a hacerte por estar más guapo o más guapa. Piensa más en que quien va a estar habitando tu cuerpo el resto de tu vida vas a ser tú, no la persona que se te quede mirando por la calle.


